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"Tranquilo, me voy con Dios"

foto atilio rossoLástima, no llegó a celebrar el Bicentenario. Eso que tantas veces habíamos hablado. En el último café me contó que pensaba hacer un gran desfile en un barrio. Porque Atilio, además de preocuparse por la salud y la educación de los más pobres, quería que ellos entendieran sobre nuestra identidad nacional. Quería inculcarles el respeto y amor a la bandera, a la historia, a nuestra tierra.

 

Atilio Rosso murió a los 80 años, con una vitalidad increíble, tan es así, que se hallaba viajando en auto con un sacerdote amigo hacia Mendoza. No paraba.

 

Era ciego de un ojo, sordo (se manejaba con audífono) y le costaba mantener el equilibrio al caminar, pero no paraba. Viajaba a Córdoba a visitar a su hermano, a Buenos Aires o a Europa a buscar ayuda para los Sin Techo. Ayuda que le daban a ÉL porque en ÉL confiaban. Sabían que el dinero siempre lo invertía bien, en los más necesitados.

 

Se propuso llegar al año 2000 "sin ranchos en Santa Fe" y lo logró. Construyó más de 7000 casitas. Después entendió la importancia de la atención de la embarazada y la salud primaria para el bebé y los primeros años de jardín, para que ese niño tuviera todas las neuronas necesarias para encarar el proceso educativo que le permitiera ir a la primaria ("Primero mi primaria" se llamaba el plan) y terminar la secundaria entendiendo lo que se le enseñaba. Por eso el dsayuno en sus jardines no era una simple copa de leche. Le daban las 500 calorías necesarias que indican los manuales. Una taza de leche, una fruta, algo salado, una factura, un yogurth. Ahora había comprado computadoras para entregarles a los más chicos, pensando que no por ser excluído no accederían a "la sociedad del conocimiento".

 

Atilio no hacía las cosas al boleo. Todo lo pensaba, lo estudiaba, lo meditaba, lo consultaba. Permanentemente monitoreaba sus trabajos, se ayudaba con encuestas, estudios, investigaciones. Lo preocupaba la parasitosis, porque como buen Doctor en Química que era, sabía lo que eso produce en el cerebro y la salud de un niño. Con la ayuda de Amadeo Cellino, ex decano de la Facultad de Bioquímica de la UNL, estaban realizando estudios en los niños de los barrios.

 

Muchos en silencio ayudaban a Atilio. Como MIguel García Adisse, o Mario Moine y desde los gobiernos recibía ayuda a veces dispar. Por ejemplo: Reutemann le daba lo que el Padre le pedía y "al toque" porque ambos eran "anti burocracia". Otros, como la EPE, por ejemplo, lo hacían esperar... eso sí, le hacían comprar las luces, los cables, las columnas de iluminación y después tenía que hacer un surco yendo y viniendo esperando que la EPE se dignara colocarlas.

 

Pero a Rosso no lo iban a domar fácilmente. No descansaba y seguía su lucha coo el primer día. Barletta entendió la importancia de la posesión de la posesión de la tierra en esa gente de los barrios más carenciados y comenzó el largo camino de entregarles la titularidad del terreno. Le dio una alegría. Fue una larga lucha que siempre los papeles, los burócratas de turno y el sistema lo trababa. Es que una cosa es vivir detrás de un escritorio recibiendo un sueldo seguro todos los meses y otra, estar todos los días escuchando pedidos y atendiendo necesidades.

 

Atilio Rosso, casó y bautizó a cientos de amigos suyos, pero también despidió. Dio la extremaunción, la comunión, y estuvo presente en los velorios de gente que lo llamaba o que él quería orar en el final. Así me contó las veces que debió acompañar a las failias pobres que velaban sus hijitos en un cajón de tomates. Sobre todo los bolivianos. Aquellos bolivianos que llegaron a la zona de las quintas hace 30 años y que él decidió asistirlos, ayudarlos, conseguirles documentos, y hasta se fue a Bolivia para traerles la Virgen de Chaguaya, que entronizó en una Capilla que también construyó en Monte Vera.

 

Es imposible seguir hablando de TODO LO QUE HIZO. No alcanzaría el periódico.

 

Rosso HACÍA, sin tanta cháchara o congreso de intelectuales que se pasaban la vida discurriendo mientras los pobres se mueren. Iba a los bifes. Pero con gran sentido de nobleza y dignidad.

 

Sus centros asistenciales, sus jardines, se destacan por la calidad, el arreglo, siempre bien pintaditos, con todo lo necesario. Pobres pero dignos. Esa era también una forma de que se sintieran incorporados al sistema.

 

Cuando en el 2004 llevé mi programa de TV a Sí Televisión le di un espacio fijo todos los jueves. Creia que era hora que más gente lo escuchara y comprendiera sus reflexiones. Despertara más conciencias para acompañarlo en su lucha. La lucha contra la incomprensión. Contra la indiferencia. Contra la pobreza. Pero sus meditaciones abarcaron todo el espectro de temas que interesan a la condición humana.

 

Atilio no era un cura común. Tenía esa chispa y energía que le da Dios a algunos seres humanos para que cumplan una misión. Esa energía y espíritu que no doblegan las vícisitudes. Frente a él uno se sentía un ser menor.

 

Chau Atilio. Te vamos a extrañar. Ojalá algo de lo que hiciste nos cale en los huesos para poder caminar y acompañar tu camino.

 

FUENTE: JORGE ALVAREZ, REVISTA 30 DIAS

MOVIMIENTO LOS SIN TECHO

San Jerónimo 3328

(3000) Santa Fe - Argentina

 

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