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Vivir de changas y no poder salir del barrio

En las zonas más pobres de la ciudad, las calles anegadas y la permanencia del mal tiempo impiden a los trabajadores informales salir a changuear. Tras dos semanas de lluvia, los recursos se agotan y crece el fantasma de perder la única fuente de ingresos.

Con el agua a los tobillos. La calle Aguado al 9800, en barrio UPCN, está completamente anegada. Parece un mal chiste que esa calle esté en ese estado. Hay barrios en los que aún no se restableció el alumbrado público desde la tormenta del 19 de febrero.

 

“Tiene miedo de que la patrona no la espere”, dijo Ema Tarragona para explicar la preocupación de su amiga y vecina Silvia. Teme que ella se quede sin trabajo, es que Silvia es empleada doméstica pero no puede salir de su casa a cumplir con sus obligaciones.


Ambas mujeres viven en barrio Villa Oculta, uno de los tantos barrios de la ciudad que permanecen anegados, con calles intransitables debido al temporal que hace 14 días castiga y no da tregua en la región. El cordón oeste, las barriadas del norte, Sauce Viejo y las poblaciones de la Costa no levantan cabeza y el impacto es mayor en aquellos santafesinos de menores recursos, que changuean para “juntar la moneda” que cobran por jornada.
La pobreza es cruel y no contempla los pronósticos del tiempo: si un vecino no puede salir del barrio a trabajar, en esa casa no hay para comer.


Jonatan Giordano vive en barrio Scarafía, en una de las casas sociales que construyó el movimiento Los Sin Techo en calle 12 de Infantería y pasaje Viñas. Es albañil pero como no puede salir de su barrio, porque las calles están con agua de “bote a bote”, está haciendo pastelitos y los vende entre sus conocidos.


“Cuando para de llover salgo igual y veo si se puede hacer algún arreglo adentro. Con eso junto 150 ó 200 pesos por día. Sino con mi mamá hacemos bollos y pastelitos. Ayer juntamos 200 pesos y los tuvimos que dividir entre los dos”, contó Jonatan. Así se hace difícil darle de comer a sus dos pequeños hijos, Fiorella (5) y Jonas (2).


“Compramos pañales sueltos pero lo principal es que coman, en el centro de salud no tienen leche desde febrero. Esperemos que pare pronto”, rogó al cielo.


Ema Tarragona es cocinera en el comedor Casita Padre Catena, que está sobre la avenida Atilio Rosso en Villa Oculta. Su marido Ismael es jardinero, pintor y albañil pero ninguno de esos oficios son compatibles con un temporal. Ella “zafa” la comida diaria con lo que le dan en su trabajo, pero está preocupada porque en breve se le agotarán los fondos para que su hijo de 15 años vaya a la escuela.


“Ismael changuea pero hace días que no puede salir de casa. Generalmente, trabaja en Guadalupe. Desde que está así habló con las patronas, le dicen que vaya igual a buscar algo pero nos da cosa pedir, porque hay trabajo pero no se puede hacer”, dijo con vergüenza Ema. Su mayor preocupación radica es que el pediatra del centro de salud no puede llegar “a ver a los pibes”. Mientras tanto, le pide clemencia a Dios, que afloje con el agua porque la persigue el intenso recuerdo de las inundaciones de 2003 y 2007. Implora e implora, pero no mezquina energía en preparar las 300 raciones diarias, porque sabe que sin esa asistencia los pibes del barrio tampoco comen.
“Mucha gente del barrio changuea o es empleada doméstica, como Silvia, que hace una semana que no puede salir de la casa. Y tiene dos criaturas, ayer me dijo que anda con las zapatillas mojadas. Yo no duermo hace días pensando que puede pasarnos lo mismo que en anteriores inundaciones, no me imagino qué haríamos. Estuvimos 15 días viviendo en la vía, no quiero ni pensar”, remarcó Ema, para ver si esos malos recuerdos se esfuman de una vez, como la lluvia.


Los inundados de siempre
El mes pasado el movimiento Los Sin Techo realizó un estudio sobre el costo de la canasta básica de alimentos en tres almacenes de los barrios Pompeya, La Loma y Chalet. Unos 5.000 pesos, determinó el relevamiento, es lo que necesita una familia de cuatro integrantes —dos adultos y dos niños— para cubrir el gasto, con la demanda calórica básica.


“Siendo conservadores consideramos cuatro personas, porque hoy la familia ‘tipo marginada’ tiene 3 hijos y medio. Y no incluimos ropa, calzado, útiles, transporte. Imaginate la situación de extrema pobreza cómo se agudiza si no pueden changuear por la lluvia”, explicó José Luis Zalazar, referente del movimiento.


Según estimaciones de la organización social, fundada por el padre Atilio Rosso, en Santa Fe, nacen al año unos 3.000 niños en condiciones de pobreza y se radica un rancho por día. “Quien gobierna la ciudad se tiene que levantar todos los días sabiendo que hay un nuevo rancho, la escala indica que hay que hacer unas 500 casas al año, sino el problema no se resuelve nunca. Al contrario, se agrava”, afirmó Zalazar.


Debido a las condiciones climáticas Los Sin Techo debieron alquilar un tractor para llevar los insumos al comedor de Alto Verde. “Nosotros nos tenemos que preocupar porque las raciones de 1.200 calorías lleguen todos los días a los jardines. Le damos de comer a 5.000 pibes y para eso hay que poner el alma, no dirigir desde atrás de un despacho”, Zalazar.

 

Fuente:

DIARIO EL LITORAL

Salomé Crespo
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@salomecrespo

MOVIMIENTO LOS SIN TECHO

San Jerónimo 3328

(3000) Santa Fe - Argentina

 

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